¿Por qué es tan atractivo el tema militar? Reflexión psicológica a propósito de una exposición en Oaxaca | Pagina3 – Noticias desde Oaxaca con perspectiva de género y responsabilidad social

En la nota periodística a que me vengo refiriendo (Sosa, 2018), cuyo título es: Exposición militar en Oaxaca reúne a decenas de familias, se lee al inicio: “Las grandes armas y los imponentes tanques de guerra atraen las miradas de quienes acuden en familia y desean la foto del recuerdo”.

Por otro lado, la gran atracción de esta exposición se me hizo evidente cuando observé en WhatsApp una gran cantidad de fotos de niños y niñas en algún vehículo militar o portando un uniforme del mismo tipo.

No podría decir en qué medida la voluntad de asistir a dicha exposición haya sido originalmente de esos niños y niñas (independientemente de que seguramente la disfrutaron); más bien creo que la atracción del atavío y la tecnología militar atrajeron a padres, madres y familiares adultos de los niños y niñas que vi vestidos de militares.

Me parecería grosero hacerlo en un contexto en el que los atropellos perpetrados por la institución militar son tan evidentes: las dictaduras militares en América Latina, Tlatelolco, Chiapas, Ayotzinapa, Tlatlaya, y seguramente muchos más.

Aclarado lo anterior, se puede retomar, expandir y puntualizar la pregunta inicial para quedar de la siguiente manera: ¿Qué hace tan atractivo el asunto militar entre la gente en México, independientemente de los atropellos que esta institución ha perpetrado en contra de mexicanos y mexicanas?

En las escuelas mexicanas (sobre todo de nivel básico), existe una macada influencia militar en prácticas como: las formaciones, el fomento del patriotismo, el corte de cabello y el uniforme, la paradoja de imponer a niños y niñas jurar lealtad, el moralismo polarizador entre buenos y malos, los concursos de escoltas, las bandas de guerra, la entonación permanente y monótona del Himno Nacional (llamado a la guerra), y quizás más.

Así pues, cada varón mexicano deberá contar con este documento militar para tener acceso a una oportunidad de empleo (en la mayoría de los casos).

Para continuar con esta línea –la de la influencia de la búsqueda de identidad en la atracción por lo militar– valdría la pena hacer hincapié en la estrategia militar de hacer saber a sus miembros que forman parte de algo (el Ejército), y que es un honor defender al país de las amenazas que le acechen.

Es Michael Moore (2004) quien retrata cómo el gobierno de Estados Unidos emprendió una fuerte campaña de reclutamiento que apuntaba a los jóvenes de las clases sociales poco favorecidas, y en cuya promoción impresa y televisiva se enfatizaba la gran oportunidad que representaba para un joven defender a su país (y ser importante) en la atroz invasión a Irak.

Reclutar adolescentes a través de una campaña centrada en la identificación es una estrategia eficaz, puesto que es justamente en esta etapa en que aparece una crisis de identidad (Erikson, 1978), y cualquiera que ofrezca un nombre para el o la adolescente que no sabe quién es, representa un alivio importante de la angustia.

El último factor que abordaremos es el que tiene que ver con los procesos internos de la mente, y que muy seguramente favorecen la atracción de la temática militar entre las personas.

En Introducción del narcisismo (1914), Freud propuso la existencia de una instancia psíquica que estaría encargada de representar a la conciencia moral en el interior de cada persona.

La simpatía que particularmente las y los niños muestran por figuras que representan autoridad tiene que ver con la proyección de esta estructura interior en el exterior (muchos niños, en algún momento, indican el deseo de ser bomberos).

Si buscásemos, como hacen los niños inconscientemente, un representante del superyó (entendido como la ley, la prohibición, la conciencia moral), la policía y el Ejército serían símbolos perfectos.

Siendo el Ejército el tema particular de este texto, podemos afirmar que esta institución es una representación externa del superyó de cada persona.

Este último caso está acertadamente representado en Full Metal Jacket (1987), en la que Kubrick muestra al sargento Hartman (R.

Podríamos pensar al sargento como un superyó severo que Patoso experimentó como persecutorio y amenazante, por lo cual responde de modo paranoico: destruyéndolo ante el temor de ser destruido por él.

(Un ambiente que también se encuentra en La ciudad y los perros [1974] de Vargas Llosa, pero las ansiedades referentes al superyó de los jóvenes protagonistas no se depositarían en las autoridades del colegio militar, sino entre compañeros).

En su texto sobre los y las mexicanos, Santiago Ramírez (1977) propone que la ansiedad que genera en las personas la figura de autoridad del padre (particularmente en los varones) deriva en estrategias para evadir la vigilancia y el castigo.

Así, las travesuras y el cantinfleo, por ejemplo, serían medios de burla a la autoridad del padre (superyó); es decir, acudiríamos en la realidad externa a ver al Ejército proyectando el deseo de acercarnos al superyó del que más bien huimos en la realidad interna.

Otra explicación la encontraríamos en la “identificación con el agresor” (Freud, A., 1984), mecanismo a través del cual el sujeto se atribuye características del objeto temido (en este caso el superyó) como medio de protección ante la amenaza que representa (quizá por eso el afán de padres y madres de vestir a sus hijos e hijas de militares).

No obstante, en el marco de los cambios realizados a la Ley de Seguridad –a la que varias voces se opusieron desde el Senado y la sociedad civil– en el sentido de que “involucra a militares en temas de seguridad pública (…) [además de que] faltan controles y priva la opacidad” (Angel, 2017), no puede menos que mirarse –en opinión de quien ahora escribe– una exposición militar como un acto velado de intimidación hacia quienes deciden acudir: te enseño lo que tengo para atacar en caso de que lo considere necesario.

Resumiendo, pues, diríamos que la atracción por el asunto militar puede obedecer a la influencia social (costumbre de prácticas), la dispersión identitaria, y la proyección de ansiedades relacionadas con el superyó a fin de paliarlas disfrazándolas en la realidad externa.

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