LA X EN LA FRENTE: La pequeña mayoría – Rosy Ramales

En México y en el extranjero somos 89 millones de mujeres y hombres con la posibilidad de votar.

De ellos, solo 45 millones y medio votamos para elegir a nuestro Presidente de la República.

Y de los que sí fuimos, 21 millones y medio no votamos por Andrés Manuel López Obrador.

Es decir, de 89 millones de Mexicanos con capacidad y posibilidad de elegir, solamente 24 millones votaron por López Obrador; el 26 por ciento de los Mexicanos con credencial de elector en el bolsillo.

Que MORENA ganó (salvo dos) todas las gubernaturas en juego y la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, es un dato elocuente per se;

Vamos, no hubo siquiera lugar a impugnaciones y los presidenciales perdedores salieron, como nunca en la historia moderna de nuestro sistema político, apresuradamente a reconocer, más que su derrota, el triunfo de López Obrador.

La indolencia de esos 43 millones que no fueron a votar jugó a favor de los 24 millones que sí fueron y lo hicieron por Obrador, pero están en muy buen tiempo para rectificar.

¿Qué movió a esos 24 millones que le entregaron prácticamente todo (5 de 5 o 6 de 6 votos), no tanto a MORENA como a López Obrador, a votar?

Explicaciones van y vienen, pero es mi deber opinar y personalmente sostengo que el voto por AMLO fue la síntesis del HARTAZGO y la ESPERANZA.

Me atrevo a decir que quienes votaron por Obrador, estuvieron de principio a fin, convencidos no solo de votar, sino de hacer activismo y vigilar la elección.

Buena parte de esos 24 millones, como nunca en la historia de México, fueron más que votantes.

En pos de respuestas hurgo entre la última Encuesta Nacional de Cultura Política y Prácticas Ciudadanas para obtener referentes que nos puedan servir libres de polvo y paja.

La última ENCUP es de 2012 (desconozco los motivos por los cuáles la encuesta no se realizó ni una sola vez durante el sexenio del Presidente Peña), pero es otra cosa que le tendríamos que reprochar.

Ocho de cada diez ciudadanos perciben la política como un tema muy complicado o algo complicado.

Seis de cada diez ciudadanos ven a la democracia como la forma de gobierno que más prefieren.

El 76 por ciento de los ciudadanos eligieron a la televisión como el medio de comunicación al que acuden con mayor frecuencia para enterarse de lo que pasa en política.

Ocho de cada diez ciudadanos está de acuerdo o muy de acuerdo en que el ejercicio del voto es el único mecanismo con el que cuentan para decidir si el gobierno hace bien o mal las cosas.

(Quizás es por ello que, independientemente del alto grado de abstencionismo, quienes sí votaron, lo hicieron mayormente para castigar al gobierno de Peña Nieto).

Tres cuartas partes de los ciudadanos entrevistados dijeron sentirse muy orgullosos de ser mexicanos.

Los niveles de abstencionismo siguen siendo altos y los ciudadanos no podemos decir que se ocupan por mantenerse informados.

Es por ello que con cada nuevo anuncio matiza lo que con todas sus letras se llama mentir, incumplir lo que prometió en campaña.

México urge de mujeres y hombres ejemplares versados en la toma de decisiones, en el ejercicio profesional de la política.

En manos de una nueva clase política mayormente improvisada: “el mijis”, Sergio Mayer, #LadyChampagne, por citar solo tres ejemplos.

Nos hemos preguntado ¿por qué pretende AMLO desaparecer las delegaciones federales de los estados y nombrar en su lugar a un solo coordinador de programas federales para cada entidad federativa?

Le rendirá cuentas, como sus homólogos de los demás estados, única y exclusivamente al Presidente de la República de nombre Andrés Manuel López Obrador.

Muchas cosas apuntan a la convicción de tener un mejor país: contra la corrupción, contra los excesos del poder, a favor de las libertades ciudadanas, en dirección de la austeridad, entre varias otras cosas impulsadas y cabildeadas desde ahora por nuestro próximo Presidente.

21 millones y medio, cifra nada deleznable, de ciudadanos contantes y sonantes votamos en contra de López Obrador.

Necesitamos, junto con esos 43 millones que no votaron, hacernos presentes con respeto, con tolerancia, sin mala fe, pero con toda la determinación necesaria en este cruce de caminos.

Somos más quienes no votamos por AMLO, y sin que eso quiera decir que le deseamos el mal, pongámosle ceros a ese cheque en blanco que otros entregaron en nuestro nombre.

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