No somos borregos, nos llevan a la fuerza – NSS Oaxaca

No culpa a los demás por su “mala suerte”, no, toma conciencia y señala que el problema es que los dirigentes del país no saben, no quieren o se la pasan robando y así, señala que no hay forma de pararles su ambición, sostiene, con razón, de que los políticos solamente hablan y hacen negocios pero no tienen conciencia y amor por la humanidad, son egoístas, perversos y ambiciosos y la mejor prueba era la vida que ha tenido Anaya, al alcanzar, por medio de la política, riqueza y que convierta sus acciones en modos de hacer negocios y habla de que llevará al presidente a la cárcel, cuando él, debería estar solicitando, dice él, el perdón de AMLO que ha prometido a los delincuentes, porque es un delincuente metido a la política.

Recuerdo que en los tiempos del 68 teníamos ánimos de cambio y éstos empezaron con la música, con las obras de pequeños grupos como en la revolución cubana que, con doce hombres, lograron derrotar a Batista y por supuesto eliminar la acción y la dependencia con los Estados Unidos, empezaban los jóvenes a leer y a observar lo que sucedía en otras partes del mundo, la velocidad de la comunicación cambio muchas formas de pensar y de pronto, tomó a los políticos fuera de base ya que no entendían lo que sucedía cuando miles y miles de jóvenes protestaban por una simple represión en contra de unos estudiantes de dos escuelas y demandaban la desaparición del cuerpo de granaderos y la destitución de su jefe y del jefe de la policía, no podían entender que de un día al otro, de forma increíble, los jóvenes optaran por nuevas formas de representación estudiantil y eliminaran a los grupos de porros y de los grupos estudiantiles controlados desde y por el gobierno, y que fueran rebasados incluso por medio de la fuerza social y del alto número de gentes que llegaba, por ejemplo, a las oficinas de los porros en el Politécnico y hacían correr a los porros al servicio de los políticos y funcionarios de nuestras escuelas, no podían entender, ni nuestros padres ni los políticos, las razones por las que cantábamos y nos agrupábamos en las escuelas y perdíamos horas de sueño por estar inventando volantes que serían repartidos a las gentes en mercados y calles, no entendían que nos robáramos las sábanas de la casa para pintar mantas en contra del gobierno y demandando la justicia que no veíamos llegar, ni la libertad que reclamábamos sin saber realmente cual nos merecíamos, si la libertad de caminar, reunirnos y marchar y de hablar o la libertad total, en ocasiones, confundida, por algunos, con el libertinaje, así salieron los poetas, no solo uno, sino cientos, y los cantantes y los pintores y los escritores y los especialistas en llevar los mensajes con el megáfono invitando a que el pueblo se uniera a esa lucha, y de pronto, con la necedad de la juventud y con las marchas y con los ataques de los policías y las revueltas y los enfrentamientos y los mítines por toda la ciudad, la gente se venía dando cuenta de que algo sucedía y de que, al final de cuentas, los jóvenes tendrían la razón, porque ellos como adultos habían sufrido la represión y sometidos al silencio y a lo que declaraban los políticos como verdad, aunque los jodiera y fastidiaría.

La rebelión de los jóvenes a lo mejor no tenía una claridad en lo que era la democracia, pero sabíamos que deberíamos de romper el manejo del silencio y del orden impuesto a los grupos sociales de obreros, campesinos y clases medias que eran movilizados para apoyar, incondicionalmente, a los gobernícolas, a pesar de que ellos no les respetaran en sus salarios, en su trabajo, en su libertad, en su amor a la familia, a sus compañeros, y de pronto, miles y miles de padres entendieron lo que querían sus hijos y salieron a  marchar, incluso los que ocupaban puesto en la burocracia, y así, cuando el licenciado y general Corona del Rosal inventó como puntada la marcha de los burócratas para, decía él, hacer respetar a la bandera.

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