Debatir o no debatir – Quadratín

Sin medir sus acuerdos, resoluciones o publicidad pareciera que el mensaje que quieren transmitir es el de la rivalidad o la animadversión, como queriendo ganar cada uno el lugar más alto de nuestra montaña democrática.

Y a su vez INE y partidos políticos libran cada que se quiere una batalla encarnizada al seno del Consejo General donde, si bien no tienen voto, la voz de los partidos es preponderante en el ruido que nuestro entramado institucional de organización de las elecciones genera.

De ahí que la mayoría de la gente no quiera saber nada de política y los peores villanos de las redes sociales sean aquellos que se autopresentan u ofertan como políticos.

Y de vez en vez se dejan escuchar dentro y fuera de las campañas electorales en todo el mundo llamados a –pongámoslo en una frase- devolverle el prestigio a la política, pero no nos quedan muy claros los cómo.

Y más allá, deben ser debates en que existan verdaderas réplicas y contrarréplicas; debates en medios que permitan llegar al mayor número de audiencias posibles.

La negativa de AMLO de encontrarse con sus oponentes en medios masivos de comunicación, en mesas redondas y noticieros que permiten realmente debatir el diseño de país que queremos, va más allá de un asunto de cálculo demoscópico (no se vaya a caer en las encuestas).

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